Cd. Juarez, Chih.- Donald Trumop, siempre ha medido el éxito de su mandato por el nivel de los índices de Bolsa y la marcha de la economía, por el coste de la gasolina. Cuando el Dow Jones entró en barrena el lunes y los precios del petróleo se dispararon por la guerra contra Irán, el presidente de Estados Unidos se lanzó a proclamar un fin muy próximo del conflicto. Pero con las turbulencias en los mercados más calmadas un día después, los mensajes en su Administración vuelven a ser contradictorios: aún no se ha avanzado lo “suficiente” en los objetivos y los ataques van a hacerse aún más intensos. “[La guerra concluirá] cuando nosotros lo decidamos”, ha asegurado este martes Pete Hegseth, el secretario de Defensa.
Desde que comenzó la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero, las declaraciones oficiales han estado repletas de contradicciones. Los plazos de la guerra no han sido una excepción. Trump comenzó hablando de “dos o tres días”, que pasó a alargar a “cuatro o cinco semanas” en menos de 24 horas. El Pentágono llegó a mencionar ocho semanas. Ahora, los mensajes diferentes vuelven a sembrar la confusión sobre cuándo podría acabar la guerra, mientras las empresas petroleras advierten de “consecuencias desastrosas” si el conflicto se alarga. No cejaremos hasta que el enemigo esté total y completamente derrotado”, ha prometido Hegseth en una rueda de prensa en el Pentágono junto al jefe del Estado Mayor de las fuerzas estadounidenses, el general Dan Caine. Y ha matizado que la decisión del final de la guerra, que corresponderá a Trump, se tomará según el calendario que se ha fijado Washington. En otra rueda de prensa en la Casa Blanca, la portavoz presidencial Karoline Leavitt también ha asegurado que la ofensiva concluirá “cuando el presidente Donald Trump lo decida. Un día antes, Trump había apuntado en varios eventos que la ofensiva va por delante del calendario previsto y está “casi terminada”, pero también aseguraba que antes de ello Estados Unidos quería cerciorarse de que Irán no estará en condiciones de levantar cabeza militar en mucho tiempo y, por tanto, podría “ir más allá”.
El secretario de Defensa también ha asegurado en el Pentágono que Irán “está perdiendo estrepitosamente” la guerra. Y ha pronosticado que este martes iba a ser el “día más intenso” de ataques dentro de Irán: “El mayor número de cazas, el mayor de bombarderos, los mayores ataques, los datos de inteligencia mejores y más ajustados que nunca”.
Trump se encuentra ante una disyuntiva complicada ahora que la guerra está en marcha, sin que Irán dé señales de querer ceder ante Washington y cuando los ataques en el golfo Pérsico ya empiezan a tener consecuencias en los bolsillos de los ciudadanos: algunos medios, como la cadena CNN, han incluido en sus páginas web un contador en tiempo real de los precios de la gasolina en el surtidor. El Pentágono calcula que los dos primeros días de la guerra han costado 5.600 millones de dólares (4.800 millones de euros) solo en munición. El Pentágono reconoce, además, las muertes de siete militares y que otros 150 han quedado heridos. El portavoz Sean Parnell ha asegurado que, de ellos, 108 han sufrido solo lesiones leves, y ocho se encuentran graves. Es la primera vez que el Departamento de Defensa proporciona cifras de heridos, corroboradas también por la Casa Blanca.
Por un lado, el presidente necesita que el conflicto no se alargue, para que no aumente el número de bajas estadounidenses de modo intolerable para los votantes y para que los indicadores económicos no salten por los aires a pocos meses de unas elecciones de medio mandato claves. Por otro, no puede proclamar un fin del conflicto de manera precipitada. No quiere dar pábulo a las críticas que le acusan de echarse atrás en una decisión cuando empiezan a surgir problemas o algo o alguien se le enfrenta: lo que sus oponentes describen como el “efecto TACO” o Trump Always Chickens Out (Trump siempre se achanta). Y tampoco puede arriesgarse a represalias de Teherán.
“Aunque Estados Unidos declarase la victoria y retirase a sus fuerzas, Irán seguiría atacando Israel, quizá también los países árabes del Golfo. Y probablemente tratase de mantener el estrecho de Ormuz cerrado. Eso crearía un dilema para Trump. Le sería difícil mantenerse al margen mientras Irán e Israel pelean. Pero si volviera a la guerra, quedaría de manifiesto lo vacío de su supuesta victoria. Los mercados reaccionarían negativamente, y los costes que Trump está intentando evitar se intensificarían de modo drástico”, opina Trita Parsi, cofundador del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft.
El mensaje ambiguo, el sí pero no, el “acabará pronto” pero “completaremos nuestros objetivos”, no es necesariamente algo que perjudique a la Casa Blanca. La imprecisión en los mensajes ofrece a Trump la flexibilidad que necesita, tanto para proclamar el fin de los ataques si lo desea como para anunciar que la guerra continúa y mostrar una posición de fuerza.
