Cd. Juarez, Chih.- Revisaron los trabajos que se están haciendo en una plataforma de lanzamiento de cohetes. Disfrutaron de bollos rellenos de cangrejo, esturiones y bistec. Levantaron sus copas de vino en una mesa adornada con flores en el salón de conferencias en un puerto espacial remoto ruso, brindando por la guerra sagrada” del Kremlin contra una banda de malvados” conocidos como Occidente.
La cumbre entre el presidente Vladimir V. Putin de Rusia y el líder norcoreano Kim Jong-un, que se llevó a cabo este miércoles en el Cosmodromo Vostochny en el este de Rusia, es una señal de una posible nueva era de relaciones entre Moscú y Pyongyang, mientras los dos aislados líderes en tiempo de guerra se abrazan uno al otro en sus momentos de necesidad.
Rusia, que se aproxima a los 19 meses de una guerra brutal contra Ucrania, arribó requiriendo más municiones y equipo militar para el campo de batalla, que Pyongyang tiene en abundancia.
Corea del Norte llegó buscando comida, combustible y dinero, de acuerdo a los analistas, además de ayuda tecnológica para sus programas de misiles y satélites, y partes para sus antiguas aeronaves militares y civiles soviéticas.
Para el momento en que los dos líderes habían terminado su reunión, Kim tiene programado continuar un raro viaje al extranjero que podría llevarlo a las fábricas de aviones en Komsomolsk-on-Amur y las instalaciones navales en Valdivostok, no se sabe si se llegó a algún acuerdo.
Aunque Putin sonó optimista en sus comentarios ante los medios noticiosos manejados por el estado.
Publicitó su colaboración en carreteras, vías férreas e infraestructura portuaria e iniciativas agrícolas — y dijo que hasta una colaboración militar era posible, a pesar de las sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas contra Corea del Norte debido a su programa nuclear.
Hay ciertas restricciones que Rusia no tolera, dijo Putin. “Aunque hay cosas de las que hablamos. Estamos discutiendo y pensando acerca de ello. Hubo promesas”.
Intencionalmente o no, la cumbre envió un mensaje directo a Washington, demostrando que el apoyo occidental a Ucrania podría tener consecuencias — en este caso empujando a Moscú más cerca del régimen autoritario de Kim.
Durante años, Rusia se ha presentado a sí mismo como un colaborador que está dispuesto a unirse al resto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el esfuerzo para impedir las ambiciones nucleares de Kim.
