Cd. Juarez, Chih.- El alto impacto de la violencia se ha apoderado de Chihuahua, Capital, como nunca ha superado las cifras de homicidios dolosos de Cd. Juarez, a pesar de tener todo el presupueto del mundo y el apoyo de la Gobernadora Maria Eugenia Campos Galvan, lo raro es que el PAN se opuso a que el Ejercito patrullara las calles de Mexico y ahora Marco Bonilla, clama por que ingrese la Guardia Nacional a Chihuahua, Capital, estos cuerpos pasan por un proceso silencioso y meticuloso: son preparados desde un día antes para recibir sepultura y cerrar, aunque sin nombre ni despedidas, el último capítulo de su historia.
La luz del día aún no salía. Era la mañana del seis de febrero… el frío era intenso, “quemador”, el cielo tenía tonalidades negras y grises, y bajo ese escenario, el personal de la Dirección de Servicios Periciales y Ciencias Forenses sacó las cajas de madera en las que estaban los cuerpos.
Desde el día cinco, los ataúdes fueron señalados con un marcador que hacia referencia al número de “SIEC” (Sistema de Ingreso y Egreso de Cadáveres); estos, fueron apilados en dos trailas, mismas que, tenían como destino final el Panteón Municipal #4, ubicado en Carrizalillo. Las torretas fueron encendidas para alertar a los demás conductores que, como cualquier día iban a sus respectivos trabajos o a llevar a sus hijos a la escuela.
El trayecto continuó su curso (quizá sin la interrogante por parte de la ciudadanía de qué eran esas cajas; tal vez, sin imaginarse que, en esa “caravana” conformada por unidades oficiales estarían 58 hombres y dos mujeres que serían enterrados.
La llegada a Carrizalillo fue alrededor de 35 minutos después, el momento había llegado; los cuerpos fueron bajados de las camionetas una vez que el titular de la Dirección de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de la Fiscalía General del Estado (FGE), Javier Sánchez Herrera, diera la indicación y a la par, comenzara a cargar junto con su equipo los ataúdes.
