Donald Trump; Promueve la intervención estadounidense Amenaza a México, Brasil y Colombia

Cd. Juarez, Chih.- Donald Trump, brinda todo el apoyo a Abelardo de la Espriella, quien, además de aspirante de la ultraderecha en las presidenciales de Colombia, es ciudadano estadounidense desde 2023, fue denunciado por su rival a la izquierda, Iván Cepeda, como “la intervención de un Gobierno extranjero” en una campaña electoral que se resolverá el próximo 21 de junio.

Más allá de la anomalía que supone la doble nacionalidad de Espriella, el apoyo de Trump a candidatos afines a Washington se ha convertido en una costumbre desde su regreso al poder, pese a que la diplomacia estadounidense evitó tradicionalmente, por más intervencionista que se mostrara durante décadas por otras vías, tomar partido de forma tan explícita como lo que la Casa Blanca ha hecho por Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Nasry Tito Asfura (Honduras) o Laura Fernández Delgado Costa Rica, Todo forma parte de una estrategia que pasa, como casi todo en las relaciones exteriores de Trump, por contemplar América Latina en clave de problema interno. Desde esa óptica, el presidente de Estados Unidos y sus ideólogos, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el estrecho aliado de Trump Stephen Miller, no ven reparos en empujar para lograr que las fichas de la izquierda del dominó político de la región caigan bajo la presión de Washington. El objetivo es dibujar un tablero de gobiernos exclusivamente de derechas, alineados ideológicamente con los intereses del vecino del norte. Y en ese plan maestro, los siguientes objetivos, sin paciencia para esperar a que el péndulo ideológico natural culmine su trabajo, son Colombia, Brasil y el premio gordo: México.

La resurrección de la vieja “guerra contra las drogas”, lanzada en los años 70 por el presidente Richard Nixon, y la reactivación de la polvorienta Doctrina Monroe, que desde hace dos siglos proclama que América (el continente) es para los americanos entendido como los estadounidenses solamente) son los andamiajes teóricos para esa campaña de dominación del que, de nuevo, Washington contempla como su “patio trasero”. Esas ideas quedaron claras en dos documentos esenciales para entender el presente y el futuro de una relación siempre convulsa.

Por una parte, está la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense. Hecha pública en diciembre, fijaba la prioridad de restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, que es como en Washington acostumbran a llamar al continente americano. Venía además con una adenda, el “corolario Trump”, resumido en una “restauración sensata y contundente” del poder y las prioridades de Estados Unidos, que, como se ha podido comprobar desde entonces pasa, si hace falta, por el apoyo a candidatos afines, por la captura militar del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, o por la asfixia de Cuba para doblegarla a los intereses de Estados Unidos.

El otro papel es la Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026. Publicado en mayo, plantea un enfoque más agresivo sobre la cadena global de producción y tráfico de narcóticos, ignora, como es habitual, el problema de la demanda estadounidense y pone el foco sobre Colombia y México. El documento sirve de justificación a acciones de la Administración de Trump como la campaña de ejecuciones extrajudiciales de tripulantes (más de 200, hasta la fecha) de supuestas narcolanchas, presuntos culpables de delitos que no están castigados por la pena de muerte en Estados Unidos, las operaciones conjuntas contra los carteles ya en funcionamiento en Ecuador, y bajo presión de ponerlas en marcha en Guatemala, o la promoción de la etiqueta de narcoterrorismo como justificación semántica.

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