Cd. Juarez, Chih.- Corea del Norte, pieza clave en la Guerra del Mundo, Donald Trump quiere volver a reunirse con él, Vladímir Putin lo necesita para sostener su guerra en Ucrania y Xi Jinping eligió como primera —y de momento, única— salida al extranjero de 2026 visitarle en Pyongyang. Kim Jongun, el líder supremo de la hermética Corea del Norte, ha conseguido que Estados Unidos, Rusia y China se disputen su atención. El régimen dotado de armas nucleares, sometido desde hace décadas a sanciones internacionales y al frente de una economía minúscula, parece haber encontrado la fórmula para ejercer influencia sobre Washington, Moscú y Pekín: ofrecer a cada una algo distinto y que ninguna quiere dejar en manos de las otras.
“Kim ha buscado deliberadamente aumentar el valor estratégico de Corea del Norte para varias grandes potencias, en lugar de regresar al tipo de dependencia y aislamiento al que se enfrentaba hace años”, explica por correo electrónico Rachel Minyoung Lee, investigadora principal en el programa de Corea del think tank estadounidense Stimson.
El resultado es menos fruto de un plan maestro que de una sucesión de oportunidades bien aprovechadas. Kim no podía prever que Rusia invadiría Ucrania ni que la relación con Moscú acabaría convertida en una alianza militar, matiza Lee. Pero ha demostrado “ser experto” en convertir las necesidades ajenas en valor estratégico, considera la analista.
La última oportunidad se abrió el lunes, pocas horas antes de que soldados estadounidenses y surcoreanos iniciaran sus principales maniobras conjuntas. Trump ordenó inesperadamente al Pentágono reducir “sustancialmente” la participación de EE UU, alegando el alto coste de los ejercicios y su descontento con Seúl por no respaldarle en la guerra de Irán.
Para Pyongyang, que considera los juegos de guerra ensayos para una invasión, esta reducción equivale a una concesión obtenida incluso antes de sentarse a negociarla, opina por teléfono Ramón Pacheco Pardo, catedrático de Relaciones Internacionales del King’s College de Londres.
Trump vuelve a mirar a Pyongyang en un momento de creciente desgaste y frustración por no conseguir los resultados que esperaba en Oriente Próximo. Las imágenes de sus tres reuniones con Kim entre 2018 y 2019 (las únicas de un presidente estadounidense y un máximo líder norcoreano) dieron la vuelta al mundo y, aunque el proceso terminó sin acuerdo, el republicano aún lo presenta como uno de los grandes éxitos de su primer mandato. Estos días ha destacado su “amistad” con Kim y ha asegurado que se plantea otro encuentro, quizás en otoño, cuando viaje a Shenzhen (China) para participar en la cumbre de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).
Pero, siete años después de su último apretón de manos, esa fotografía tiene un precio más alto. Kim Yo-jong, hermana y estrecha colaboradora del dirigente norcoreano, ha negado que ambas partes estén negociando, aunque ha dejado entreabierta la puerta al diálogo si Washington modifica su política hacia Pyongyang. La relación personal entre su hermano y el presidente estadounidense, ha recordado, “sigue siendo excelente”.
No obstante, Jenny Town, directora de la publicación 38 North, enfatiza en una llamada telefónica que no hay que subestimar a Pyongyang. “Corea del Norte tiene opciones”, afirma Town, y recuerda que la cooperación con Rusia está diseñada para perdurar más allá de la guerra y que Corea del Norte ha ampliado sus vínculos con otros Estados enfrentados a Occidente. A eso se suma que la relación con China se halla ante una “nueva etapa histórica”, según publicitaron los medios chinos y norcoreanos en junio.
Aunque las sanciones siguen pesando y el sostén económico de Pekín es indispensable, “ya no hay urgencia” por sentarse a hablar con EE UU, recalca Town. Ese margen permite a Kim elevar sus condiciones y decidir cuándo le conviene acercarse a Washington. “Cree que es un actor fundamental en la remodelación del orden mundial” y “en pie de igualdad con sus socios
