Cd. Juarez, Chih.- Los arcenes de las carreteras de Cisjordania cada vez están más llenos de banderas israelíes, incluso frente a viviendas palestinas. También del movimiento a favor de levantar un nuevo templo judío sobre la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, el tercer lugar más sagrado del islam, una reivindicación del nacionalismo religioso más radical que viene ganando peso. En varios carteles alguien ha tachado el nombre en árabe de la localidad, pintado una estrella de David o escrito la palabra “Venganza”. Los bloques de hormigón en cruces y puestos de control contienen cada vez más símbolos de facciones mesiánicas. Lo lleva también en el brazo un soldado que vigila la entrada al asentamiento de Efrat, cerca de Belén, aunque en teoría tenga prohibido exhibir signos políticos. A ambos lados de las carreteras se ven protoasentamientos de caravanas que no existían hace semanas. Alguno ya con acceso asfaltado. Y a la entrada de las localidades palestinas, un grafiti en árabe (“No hay futuro”) deja claro a sus habitantes quién lo decide hoy: el ejército y los colonos israelíes.
Son expresiones visibles de lo que B’Tselem —una de las principales ONG de derechos humanos de Israel— llama el proyecto israelí de “eliminación”. Es, de hecho, el título de su mayor informe sobre Cisjordania, territorio palestino que lleva más de medio siglo bajo ocupación militar. El documento, hecho público este lunes, define el proyecto como un “único mecanismo que desmantela las condiciones necesarias para la existencia colectiva palestina” y que “reorganiza el espacio y las condiciones de vida para que el control israelí y la presencia judía se vuelvan continuos, institucionalizados y permanentes”, mientras “la existencia palestina es cada vez más fragmentada, vulnerable y dependiente”. “No es un informe sobre el futuro, sino sobre el presente”, precisaba su directora ejecutiva, Yuli Novak, en una entrevista con este diario en Tel Aviv.
