Cd. JUuarez, Chih.- El conflicto en Irán amenaza con generar una nueva onda expansiva sobre los mercados energéticos europeos, que se adosa a las graves consecuencias derivadas de la crisis del 2022 con el inicio de la guerra en Ucrania y el desacople con Rusia. El análisis de las medidas propuestas y adoptadas por la UE y sus Estados miembros en este caso, presuponen una combinación parches de emergencia para contener la inflación con una aceleración forzada de la autonomía estratégica. Sin embargo, la falta de homogeneidad en las respuestas nacionales, especialmente entre Alemania como motor industrial y los países más vulnerables del sur, exponen tensiones latentes en la cohesión del bloque.
A nivel comunitario, la respuesta se caracteriza por una activación preventiva de herramientas tales como el uso potencial de reservas estratégicas de petróleo para contener los precios, limitando el impacto inflacionario de la energía. Bruselas percibe el riesgo de un pico de precios similar al de 2022. Sin embargo, la falta de unanimidad refleja el agotamiento de esta herramienta, cuyo efecto psicológico supera al material si no es masiva.
Otra iniciativa de carácter estructural en mente dentro de la eurozona es el refuerzo de la transición energética que ya no es solo una bandera climática, sino una doctrina de seguridad económica. La propuesta de la Comisión de acelerar autonomía energética es, en esencia, un plan para desacoplar el PIB europeo de la volatilidad geopolítica del Golfo Pérsico.
Por otro lado, se apuesta a una Coordinación macroeconómica del Banco central Europeo (BCE) para monitorear el precio de la energía. Si el mercado interpreta que este es un shock transitorio de oferta, se evitará una respuesta monetaria agresiva que podría hundir las economías más endeudadas (efecto dominó en spreads).
Por último, se evalúan herramientas de protección civil de la UE para la gestión de posibles oleadas de refugiados derivados del conflicto, que tienen implicancias en gasto público y empleo temporal.
Sin embargo, las estrategias de coordinación conjuntas chocan en muchos aspectos con las realidades y los intereses particulares de cada uno de los países. Aquí se observa una clara fragmentación basada en la estructura económica y la cultura política de cada Estado.
Alemania como mayor economía del bloque cuenta con mayor capacidad industrial y fiscal para absorber shocks. Así prioriza la credibilidad geopolítica del bloque sobre el alivio inmediato. Por ese motivo se ha negado a impulsar las sanciones energéticas que promueven otros actores. Esto presiona a sus socios a seguir una disciplina que puede resultarles más costosa.
