Cd. Juarez, Chih.- Suman mas de 2 mil 954 y 16 mil 592 resultaron heridas por los potentes sismos que golpearon Venezuela el 24 de junio, según el último balance del gobierno.
Más de 16 mil personas perdieron sus viviendas y 856 edificios quedaron afectados, según los datos del ministerio de Comunicaciones, tras el doble sismo de magnitud 7.2 y 7.5 que devastó mayoritariamente al estado La Guaira, en el norte del país. Mientras, las historias de sobrevivientes salen a la luz.
Cuando creía que todo estaba perdido oyó la voz de Erick Roa. Los ojos claros de Pedro Cordido, sobreviviente de los sismos, irradian gratitud cuando habla de los socorristas voluntarios que lo salvaron.
Pasó cerca de 30 horas en posición fetal luego de que su edificio en el estado La Guaira colapsara.
En segundos, la tierra se tragó la estructura de 12 pisos y vio cómo Hernando, su hijo putativo y la esposa de este, eran absorbidos por una especie de torbellino de polvo sin que pudiera hacer nada por salvarlos.
La oscuridad era total, faltaba el aire. No podía moverse en ninguna dirección, estaba atrapado entre fragmentos filosos de concreto… y cuando pensó que debía resignarse a morir escuchó la voz de Roa, de 50 años.
Roa es uno de cinco rescatistas que se juntaron en La Guaira, un popular balneario a 40 kilómetros de Caracas, para buscar sobrevivientes tras los violentos sismos. Una mujer les advirtió que acababa de escuchar gritos.
Era Pedro. Formaron una cadena humana entre la absoluta penumbra alumbrándose con una pequeña linterna. Erick y sus compañeros en principio gatearon, luego abrieron un orificio para acceder al lugar.
«No había nada de luz que entrara por una rendija de los escombros, la desesperación me quiso inundar», relata a la Afp Pedro desde la casa de su hija en la capital. Una enfermera vecina asiste cada día sus lesiones.
Erick, ex enfermero militar, le habló durante cuatro horas y media. Intentaba mantenerlo despierto, con esperanzas.
«Ha sido agotador, una locura», comenta sobre la cantidad de horas en las que han trabajado tanto para encontrar sobrevivientes como para recuperar cuerpos y entregarlos a sus familiares.
Cifras oficiales indican que 6 mil 462 personas han sido rescatadas, muchas por socorristas voluntarios. Mientras, Naciones Unidas estima hasta 50 mil desparecidos, a los que el gobierno evita referirse.
En su dedo índice Erick tiene tatuada la frase «Fe en Dios». Hace dos años pasó por uno de los momentos más duros de su existencia, intentó quitarse la vida y un pastor evangélico llegó para impedirlo.
A partir de ahí entendió que tenía un propósito: ayudar.
«Tenía desesperación por tratar de conseguirlo, siempre le hablé, le decía ‘quédate quieto que tú te vas conmigo para afuera'», recuerda indicarle a Pedro mientras escarbaban para llegar al punto donde estaba atrapado.
Cuando todo tembló, Erick estaba en su casa en Caracas descansando. Un sobrino le escribió para decirle que su ex novia estaba desaparecida en La Guaira, tomó su motocicleta y emprendió camino para buscarla. Ella apareció sana y salva, pero decidió quedarse al ver la magnitud de la tragedia.
Se encontró luego con Enmanuel Andrade, José Luis Fonseca, Carlos Alexander Marval Balza y otros socorristas desprovistos de equipos sofisticados, pero convencidos de que se necesitaban manos para sacar vidas de entre los escombros.
Pedro agradece la labor altruista de estos socorristas. En su mente está indeleble la frase que le dio una segunda oportunidad: «¿Hay alguien allí?». Él gritó para pedirles ayuda.
«Qué bellos, sin ningún material específico para poder mover las rocas, ellos con sus manos fueron removiendo las rocas hasta poder irme sacando», relata entre sollozos.
