Las Diferencias entre Merz y Trump desata la mayor crisis en la relación bilateral en 20 años

Cd. Juarez, Chih.- El recién ele­gido can­ci­ller ale­mán, Frie­drich Merz, acu­dió a la Casa Blanca en su pri­mera visita ofi­cial tras su inves­ti­dura, lo hizo con el obje­tivo de revi­vir la alianza tran­sat­lán­tica entre ambos paí­ses y cons­ciente de la impor­tan­cia de EE UU para Ale­ma­nia, sobre todo, en mate­ria de segu­ri­dad. Un año más tarde, y des­pués de que el pre­si­dente esta­dou­ni­dense, Donald Trump, decla­rase su intento de ane­xio­narse Groen­lan­dia, lan­zase un con­flicto comer­cial e impul­sara una gue­rra con­tra Irán sin pre­vio aviso a sus alia­dos, las grie­tas en la rela­ción bila­te­ral pare­cen cada vez más pro­fun­das.

Durante tres visi­tas ofi­cia­les a Was­hing­ton, Merz evitó ofen­der a Trump con el obje­tivo de man­te­ner viva la OTAN y su apoyo a Ucra­nia frente a Rusia y, ade­más, sua­vi­zar el impacto de los aran­ce­les con los que ame­na­zaba el man­da­ta­rio esta­dou­ni­dense. El repu­bli­cano halagó enton­ces a Merz como “un hom­bre de gran éxito” y un “gran líder”. El can­ci­ller pare­cía estar con­so­li­dán­dose como uno de los man­da­ta­rios euro­peos favo­ri­tos de Trump, sobre todo gra­cias al nota­ble aumento del gasto en defensa de Ale­ma­nia.

Sin embargo, la gue­rra de Irán y la con­si­guiente cri­sis ener­gé­tica, que ha gol­peado dura­mente a Ale­ma­nia en un momento de gran debi­li­dad eco­nó­mica, pare­cen haber col­mado la pacien­cia de Merz, que hace días, durante una charla con estu­dian­tes en un ins­ti­tuto ale­mán, dijo abier­ta­mente que EE UU “está siendo humi­llado por Irán”. Esas pala­bras desa­ta­ron la ira de Trump, que afirmó que el can­ci­ller ale­mán “no tiene ni idea de lo que habla” y que “no es de extra­ñar que a Ale­ma­nia le vaya tan mal, tanto eco­nó­mi­ca­mente como en otros aspec­tos”.

Poco des­pués, la Casa Blanca anun­ció la reti­rada de 5.000 sol­da­dos esta­cio­na­dos en terri­to­rio ale­mán. Merz se unía así a la lista de man­da­ta­rios, como el bri­tá­nico Keir Star­mer o la ita­liana Gior­gia Meloni, que durante un tiempo fue­ron los mejo­res ami­gos de Trump… hasta que deja­ron de serlo.

Muchos se pre­gun­ta­ron en Ale­ma­nia si esas decla­ra­cio­nes habían sido un des­liz de Merz o si eran parte de una estra­te­gia para rei­vin­di­car la impor­tan­cia de con­tar con una Europa fuerte. El vier­nes, el can­ci­ller informó de que había tenido una “buena con­ver­sa­ción tele­fó­nica” sobre Irán con Trump durante su viaje de regreso de China. Pero ese tuit llegó solo unas horas des­pués de que, en una charla con jóve­nes en Würz­burg, reco­no­ciera que su admi­ra­ción por Esta­dos Uni­dos no está cre­ciendo pre­ci­sa­mente, y afir­mara que “no reco­men­da­ría” a sus hijos que “se fue­ran a EE UU” para for­marse o tra­ba­jar, car­gando con­tra el “clima social” enra­re­cido en ese país.

Las acu­sa­cio­nes mutuas entre Merz y Trump son expre­sión de una desa­ve­nen­cia que llega aún más hondo que la que se pro­dujo en torno a la gue­rra de Irak en la época del can­ci­ller social­de­mó­crata Ger­hard Schröder, a prin­ci­pios de los años 2000, que hasta ahora había sido “la mayor cri­sis en las rela­cio­nes tran­sat­lán­ti­cas”, como escri­bió estos días el dia­rio Frank­fur­ter All­ge­meine Zei­tung.

Para Domi­nik Tolks­dorf, del think tank Aso­cia­ción Ale­mana para Polí­tica Exte­rior (DGAP), la deci­sión de Was­hing­ton de reti­rar tro­pas se engloba den­tro de la reo­rien­ta­ción estra­té­gica de EE UU, aun­que ahora sea visto como una repre­sa­lia, pero reco­noce que las rela­cio­nes segui­rán siendo difí­ci­les en temas como Ucra­nia y las dis­pu­tas comer­cia­les. “Estaba claro desde el prin­ci­pio que con Trump sería difí­cil. Merz intentó durante mucho tiempo apa­ci­guarle, pero últi­ma­mente se mues­tra algo más seguro de sí mismo frente a él”, opina. En rea­li­dad, remarca Tolks­dorf, “solo ha dicho lo que pien­san todos los demás jefes de Gobierno.

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